El Alavés suda la primera alegría |
El cuadro albiazul, con diez toda la segunda parte por expulsión de Wellington, elimina al Nástic a base de orden y sacrificio
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Asier, que debutó ayer como titular en Mendizorroza, trata de zafarse del marcaje del lateral del Nástic Medina. / FOTOS: NURIA GONZÁLEZ E IGOR AIZPURU
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El Alavés sudó a conciencia su primera alegría de la temporada, la clasificación para la siguiente ronda de la Copa. El cuadro vitoriano tomó ventaja en una primera parte discreta donde aprovechó su efectividad y tras la expulsión de Wellington, en el minuto 46,se empleó a fondo para sostener el resultado mínimo. Encomiable y hasta emocionante fue su derroche de entrega, que sedujo a Mendizorroza y liberó al equipo de la dinámica negativa de resultados.
El Alavés arrancó el partido con una alineación renovada prácticamente por completo. Sólo el último fichaje, David Aganzo, repitió respecto al duelo liguero ante el Málaga. Cambió Uribe a los diez restantes y de todos los disponibles en la plantilla, Gabri -que entró en la segunda parte- fue el único que se quedó sin el premio de la titularidad.
De esta profunda remodelación nació un equipo albiazul voluntarioso pero que desde los primeros compases se vio con graves problemas para controlar el toque del Nástic. El conjunto catalán, que colocó sobre el césped a buena parte de sus titulares, demostró, como en la jornada inicial de Liga, una indiscutible jeraquía con la pelota en los pies.
El Alavés sólo funcionaba a fogonazos. Con la iluminación del contragolpe. En el primero claro, el colegiado omitió un claro penalti sobre Aganzo. Medina le arrolló por detrás cuando esperaba un balón centrado por Miguel Pérez. Caballero Herreros, cerca de la jugada, comenzó a demostrar que también pretendía seguir de cerca a Aganzo y no concederle falta alguna. El madrileño, sin embargo, se creció y en un partido soberbio sólo el acierto de Juanmi le privó de estrenarse como goleador.
1-0 y sufrimiento
Los ramalazos de genio albiazul no ocultaban, en cualquier caso, el control del adversario. Sin excesivas ocasiones, pero con la sensación de que el Alavés era incapaz de ajustar su centro del campo en la presión. Garro aparecía como uno de los más entonados, mientras Sergio Rodríguez apenas tenía presencia en el juego. Tampoco Asier Arranz, con escasa precisión por la banda izquierda.
Pero el Alavés golpeó. Aganzo, que volvió a demostrar ayer su sello de Primera, inició la jugada. Con un taconazo sobre la banda que acabó en un centro de Miguel Pérez y la anticipación de Wellington en el remate.
Ardouin y Aganzo
El cuadro vitoriano, con más eficacia que brillantez, inauguraba su casillero oficial de goles en esta temporada y, por fin, tomaba ventaja en el marcador. Si Wellington alteró con el gol el guión de un partido que adquiría mal cariz para los albiazules, también emborronó después su buena primera parte. Un codazo muy claro a Tortolero dejó al Alavés con diez en el primer minuto de la reanudación. El inesperado sobresalto desorientó al equipo albiazul, que acusó el golpe. Con una cesión excesiva de espacios y el dominio del Nástic.
Pero después de la zozobra, con algunas ocasiones visitantes, el Alavés logró recomponerse. Con la entrada de Astudillo y Casar, la recolocación de Calderón como interior, la pujanza de Gabri y la omnipresencia de Aganzo.
Entonces, en un duelo desesperado de ida y vuelta, Ardouin y Juanmi, evitaron que el marcador se moviese. Y el Alavés acabó incluso con cierto desahogo y la solvencia de un equipo sólido.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com
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